
Me hice un Facebook.
Cuando fue el boom y todos sacaron una cuenta y yo no, siempre me preguntaban y creo que en más de una ocasión fui en extremo vehemente: “No, no quiero Facebook, puro copuchenteo”. Eso, sin saber lo que era y cómo funcionaba. Es decir, estaba prejuiciando. A mi que me carga ser prejuiciosa.
Pasó el tiempo.
Hasta hace 2 días atrás que soñé con mi amiga María José, mi pálida amiga de los 6 años a la que dejé de ver, literalmente, de un día para otro.
Como he escuchado de amigas que “encontraron” a otras amigas del pasado y se van a juntar a conversar por todos los años en silencio pensé que quizás Facebook...mi amiga...la modernidad, y así encontrarla. Cosa que no ha sucedido pero no pierdo las esperanzas.
Y ya, que tanto, también para opinar sobre algo hay que conocerlo y quise curiosear un poco en esta herramienta social que tan famosa es.
Y ahora tengo Facebook.
Y amigos, claro.
Los de siempre y algunos que estuvieron antes.
Y es divertido pero, como toda página que puede llegar a contener muchos datos, me ataranto y no la logro domesticar del todo.
Pero, más allá de que si es pro-copuchenteo porque puedes husmear en la vida de las personas sin ninguna restricción, Facebook tiene algo muy útil y que es parte de sus premisas: encontrar personas. Tal como Eli de Caso lo hacía en su programa Facebook permite contactar a gente que creíamos perdida en alguna parte de este largo país, sin siquiera poder imaginarnos en qué situación se encontraba.
Así mismito encontré a la Marce, una inolvidable amiga de la Universidad que se fue a Diseño en la Chile y le perdí la huella.
Inolvidable por muchas cosas pero por sobre todo por el suceso del yogur, que debo compartirlo para que se entienda por qué es tan entrañable:
Un día, a la hora de almuerzo en Campus Oriente, todas las amigas sacamos nuestras respectivas colaciones: Musa un cigarro y una coca cola normal, Ibarra algún plato magníficamente cocinado por su abuela, yo una manzana y un queque que me compraba en el centro, antes de tomar la micro, y la M,arce sacó un yogur. Estábamos comiendo, charlando y riendo cuando la Marce levanta el brazo, lleva su yogur a la boca y comienza a golpearlo y dice “Que raro, este yogur no sale”. Cuando la miramos la risa fue tanta que hasta las palomas salieron volando, asustadas de que viniera el fin del mundo. La Marce estaba manchada entera de yogur, que se le había caído seguramente cuando lo golpeaba extrañada de que no saliera.
Nunca, ninguna de la que presenciamos eso, hemos podido olvidar el suceso del yogur y, por ende, a la Marce que era una flaca que comía como chancha y no engordaba ni un gramo (según Musa porque tenía la lombriz solitaria).
Y bueno, a esa Marce, después de 11 años, he encontrado gracias a Facebook.
Le mandé un mensaje y le propuse que nos juntáramos. Aceptó gustosa.
Nos veremos las caras luego de una gran vida caminada.
Lo que tiene Facebook es que acerca pero no obliga.
Y frente a las críticas de que los tiempos modernos hacen que la gente se vea cada vez menos, pues en algo tienen razón, pero no se detienen en un detalle: que es ese mismo mundo virtual el que acerca, a pesar de la lejanía, a las personas.
Y con y sin internet, cultivar la amistad es un asunto de voluntad, no de distancias.
Una carta es un abrazo.
Un mail es una sonrisa.
Facebook es cruzar un puente hasta la casa del otro.
Analogías.
Pero todas pequeñas demostraciones de amistad. Virtual o no, es un asunto de voluntad.
Cuando fue el boom y todos sacaron una cuenta y yo no, siempre me preguntaban y creo que en más de una ocasión fui en extremo vehemente: “No, no quiero Facebook, puro copuchenteo”. Eso, sin saber lo que era y cómo funcionaba. Es decir, estaba prejuiciando. A mi que me carga ser prejuiciosa.
Pasó el tiempo.
Hasta hace 2 días atrás que soñé con mi amiga María José, mi pálida amiga de los 6 años a la que dejé de ver, literalmente, de un día para otro.
Como he escuchado de amigas que “encontraron” a otras amigas del pasado y se van a juntar a conversar por todos los años en silencio pensé que quizás Facebook...mi amiga...la modernidad, y así encontrarla. Cosa que no ha sucedido pero no pierdo las esperanzas.
Y ya, que tanto, también para opinar sobre algo hay que conocerlo y quise curiosear un poco en esta herramienta social que tan famosa es.
Y ahora tengo Facebook.
Y amigos, claro.
Los de siempre y algunos que estuvieron antes.
Y es divertido pero, como toda página que puede llegar a contener muchos datos, me ataranto y no la logro domesticar del todo.
Pero, más allá de que si es pro-copuchenteo porque puedes husmear en la vida de las personas sin ninguna restricción, Facebook tiene algo muy útil y que es parte de sus premisas: encontrar personas. Tal como Eli de Caso lo hacía en su programa Facebook permite contactar a gente que creíamos perdida en alguna parte de este largo país, sin siquiera poder imaginarnos en qué situación se encontraba.
Así mismito encontré a la Marce, una inolvidable amiga de la Universidad que se fue a Diseño en la Chile y le perdí la huella.
Inolvidable por muchas cosas pero por sobre todo por el suceso del yogur, que debo compartirlo para que se entienda por qué es tan entrañable:
Un día, a la hora de almuerzo en Campus Oriente, todas las amigas sacamos nuestras respectivas colaciones: Musa un cigarro y una coca cola normal, Ibarra algún plato magníficamente cocinado por su abuela, yo una manzana y un queque que me compraba en el centro, antes de tomar la micro, y la M,arce sacó un yogur. Estábamos comiendo, charlando y riendo cuando la Marce levanta el brazo, lleva su yogur a la boca y comienza a golpearlo y dice “Que raro, este yogur no sale”. Cuando la miramos la risa fue tanta que hasta las palomas salieron volando, asustadas de que viniera el fin del mundo. La Marce estaba manchada entera de yogur, que se le había caído seguramente cuando lo golpeaba extrañada de que no saliera.
Nunca, ninguna de la que presenciamos eso, hemos podido olvidar el suceso del yogur y, por ende, a la Marce que era una flaca que comía como chancha y no engordaba ni un gramo (según Musa porque tenía la lombriz solitaria).
Y bueno, a esa Marce, después de 11 años, he encontrado gracias a Facebook.
Le mandé un mensaje y le propuse que nos juntáramos. Aceptó gustosa.
Nos veremos las caras luego de una gran vida caminada.
Lo que tiene Facebook es que acerca pero no obliga.
Y frente a las críticas de que los tiempos modernos hacen que la gente se vea cada vez menos, pues en algo tienen razón, pero no se detienen en un detalle: que es ese mismo mundo virtual el que acerca, a pesar de la lejanía, a las personas.
Y con y sin internet, cultivar la amistad es un asunto de voluntad, no de distancias.
Una carta es un abrazo.
Un mail es una sonrisa.
Facebook es cruzar un puente hasta la casa del otro.
Analogías.
Pero todas pequeñas demostraciones de amistad. Virtual o no, es un asunto de voluntad.