miércoles, enero 28, 2009

martes, enero 13, 2009

Andes on the moon


La gente hace cosas.
Distintas.
Para qué hablar de todas las cosas que hace la gente.
Me gusta que la gente haga cosas, pero más me gusta que la gente haga cosas que habitan dentro de su cuerpo, misteriosamente, y precisan salir a la luz, vivir, respirar, participar del mundo.
Y ahora se hizo algo muy lindo, sencillo, noble y espiritual.
Mi hermano Rodrigo lo hizo, y lo presenta este jueves 15 de enero en la casa de la Cultura Delia del Carril, allá en la Reina.
La cosa esta que se hizo de todo corazón se lanza a las 21 horas en Lynch Norte 164.
Esta cosa se llama ANDESGROUND y es el disco de mi hermano Rodrigo Castro Zamorano.
Un disco que revisita al folclor de una manera actualizada y original.
Para escuchar, visite la web.
Para asistir sólo deben mandar un mail a info@andesground.cl
La fiestoca promete.
La gráfica y las visuales también.
Toda una cosa hecha con amor.

Vaya, yo estaré ahí con mi poncho veraniego.

jueves, octubre 30, 2008

Guasó


Un pájaro fue capaz de distraernos.
Sumidas en nuestras inevitables labores de edición, nada sabíamos de la que está a menos de un metro. Es decir, a pesar de ser seres humanos libres, ni siquiera nos damos cuenta de cuanto nos alejamos de la realidad.
Pero bastó un pájaro para despertarnos y saber que la otra vino vestida de verde (y que, por cierto, le sienta mucho) o que la de más allá se maquilló los ojos o cambió el marco de sus lentes.
Sólo un pájaro.
Estábamos insertas enceguecidas mudas y tiesas editando nuestros libros cuando escuchamos un golpe como de una mano golpeando una mesa.
Coni dice "oh, pobre pajarito".
Efectivamente, un pequeño gorrión chocó contra la ventana norte del sexto piso de Santillana.
Y quedó ahí, en la cornisa, de espaldas, con sus patas moviéndose sufridamente, hasta que ya dejaron de hacerlo.
"Murió". Enmudecidas fuimos testigos de la pobre, solitaria y absurda muerte de un gorrión.
Nos miramos y mientras comentábamos, el pájaro se puso de pie. Inmóvil, con el pico abierto, sin hacer ningún tipo de movimiento.
"Ohhhh". Nuestros ojos sólo podían estar atentos a ese minúsculo ser aturdido por el golpe.
Diez minutos. Quince. Y seguía de pie, con el pico abierto. Hasta que en medio minuto, pestañeó, cerro su pico, movió la cabeza y voló.
A esas alturas varias se habían ido a sentar pero preguntaban desde sus asientos "¿y cómo está el pajarito?"
Y el pajarito voló, después de acomodar su pequeño cerebro.
Y pensé: un pájaro. Una metáfora.
Todas estamos chocando contra un vidrio y quedando aturdidas, mientras la persona que vive a nuestro lado nos mira con curiosidad y expectación.
¿Cuando volaremos?
Ese pájaro nos hizo no sólo levantarnos de nuestras incómodas sillas sino que entender que si somos capaces de dar tiempo, también lo tendremos.
Ese día el verde le quedaba muy bien a una chica de la cual no sé su nombre.
Pero se lo preguntaré mañana.

jueves, octubre 09, 2008

Ch


En Santillana está la locura. Podría explicarlo pero es muy largo. Todo se resume en poco tiempo=jefe con lumbago=compañera con licencia por estrés=compañera que le tirita un ojo=compañera que se quiere ir=yo con la guata más apretada que nunca.
Eso es Santillana. Una dulce pesadilla. Lo que es totalmente posible. Sino cómo explicar esos pololeos tortuosos de la adolescencia donde una se quedaba mientras el chiquillo se hacía el lolo y así y todo una sentía mariposas (nocturnas) en la guata.
Bueno, algo así es Santillana salvo que soy adulta y si se hace el lolo lo mando a freír monos al Africa.
Y bueno, entre textos, unidades, palabras, edición, revisión, ilustraciones se van mis días. Dejándome bien cansada, preguntándome muchas cosas, pensando otras tanta, sacando conclusiones.
Cuando todo se pone intenso inevitable que una también lo haga y lleguen a la cabeza cosas que pensaba tenía guardadas.
No sólo tengo que enfrentar un trabajo, sino que una vida que me pide explicaciones.
Lo sé. Debo hablar.
Pero, al regreso de mi viaje.
Cierro la maleta con cosas buenas y espero abrirlas con mejores.
Chau chau che que me espera al otro lado de la cordillera la aventura y los pies dispuestos.
Che, gud nai.

sábado, octubre 04, 2008

Egonomellamesnibusques


Antes de irme a acostar con el hombre que amo declaro:
1.- Que no tengo explicación de mis hechos y si los tuviera mi vida sería la tuya.
2.- Que amo ir al supermercado imaginando lo que te haría feliz.
3.-¡Qué tonto es un blog!

martes, septiembre 02, 2008

Manzanita la payasita


Que mi padre me haga notar que no he escrito en este blog es para mi bastante importante porque quiere decir que he abandonado rutinas dulces y cálidas por el "ritmo de vida".
¿Qué es el ritmo de vida?
Es cuando simplemente no puedes parar. Pero lo más curioso es que ese "ritmo de vida" es a la vez una rutina, como la que tenías antes de adquirir ese "ritmo de vida". O sea, sea cual sea el ritmo que la vida toma, es una rutina.
Rutina cuando escribía en este blog todos los días, rutina ahora que tengo que estar metida de cabeza editando, buscando textos, viendo si la coma está bien puesta, estando atenta al llamado del ministerio. Pero, como soy una cabeza dura, nunca he permitido que mi rutina me haga infeliz así que sea cual sea mi "ritmo de vida", es el que elegí.
Incluso el día en que me vaya, literalemente, a la punta del cerro.
Estoy ahora como un artista de circo: metida dentro de una maravillosa e iluminada carpa pero sin saber ni equilibrarme en la cuerda floja, ni hacer piruetas en un trapecio, ni subirme sobre un elefante y parame con una sola mano, ni siquiera pintarme bien como payaso.
Pero, como ser artista de circo es un oficio, debo trabajar duro, practicar, estudiar, conocer mi cuerpo, mi lado bonito, amaestrar bien a los elefantes.
Eso ocurre hoy en día en mi vida.
Pasa que de verdad no me dan miedo las cosas. A veces pienso que soy demente pero en realidad si lo fuera no estaría en la situación de vida en la que estoy: armonía.
Sólo no tengo miedo. Sólo me da angustia un rato, me quedo en casa llorando y pensando, tomo mucho té, me acurruco en la cama, exigo nanai y ya. Al otro día como nueva, lista para el baile, aunque mi vestido no sea el más hermoso ni mis zapatos los más relucientes.
En todo caso siempre me ha cargado el charol y de lo más bien que he andado con esos bototos horribles.
Porque no quiero charol. Quiero unos de cuero, resistentes, de suela alta, buenos para escalar, pero también para defenderse de las caídas y de los terrenos difíciles.
Del circo a la montaña.
Una analogía especial.
A ti papá, que me lees: escribí por ti.

Entreparéntesis: de esas cosas que me impresionan en la vida, aunque muchas cosas lo hacen. Al igual que aquellas que me enervan y me sacan de mis casillas. Mueren niñas ricas y hasta la cuarta deja de lado sus culos endurecidos para publicar titulares irrisorios. Cuando las niñas de Alto Hospicio comenzaron a desaparecer, culparon a sus padres de trata de blancas. Ese es Chile, el del mall más grande de Sudamérica y de la gente enloquecida por un Iphone. Cachetadas para todos.

domingo, agosto 03, 2008

Shewoman


Es domingo y me siento cansada, pero feliz.
Cansada porque ha sido una semana demasiado intensa y de decisiones claves.
Nuevamente me muevo.
Nuevamente me enfrento a cambios.
Nuevamente me pongo a prueba.
Nuevamente no tengo miedo de enfrentar riesgos.
Es un vértigo que necesito. Hasta puedo decir que es un vértigo que busco.
Sentir el control. Saber a ciencia cierta que esta vida, que llevo vivida 31 años, está hecha a pulso por mi, como una tela bordada, paso a paso, lentamente, sin saber bien cómo quedará pero eligiendo los colores, las formas, el camino.
Ahora cambié el hilo, y de un cuadrado paso a un remolino pero se siente tan bien, la vista se ilumina, la luz se condensa.
A estas alturas, después de tanta cosa, me he vuelto selectiva.
Selectiva es una buena palabra que me define.
No estoy para tonteras, para cosas a medias.
No estoy para conformarme aunque el mareo del cambio haga que me precipite contra las cosas.
Selecciono porque soy la única con derecho a hacerlo.
Selectiva porque con pinzas ando.
Y de lo bueno poco, dicen.

martes, julio 08, 2008

Good Food, good life


Durante mi adolescencia muy raras veces me compraba una golosina. Es más, no recuerdo ni siquiera haberlo hecho. Esa patológica costumbre se desarrolló aún más cuando entré a la universidad, donde el sabor más adecuado para sentir en mi boca era el cigarro y el café. No me daba un gusto dulce no porque no me gustara sino que porque estaba constantemente alerta con los gramos de más, las calorías de menos y una lista de interminables y estúpidas reglas que dirigían mi vida.
Básicamente lo que hice durante tantos años era privarme del placer. Y privarse del placer no sólo es cruel y castigador sino que un arma de doble filo que se traduce en un montón de síntomas emocionales que una los atribuye a cualquier cosa menos al acto censurador de no dejar entrar golosinas al cuerpo.
Claramente si se comen golosinas todos los días se corre el serio riego de tener diabetes, caries, problemas sanguíneos, etc. Pero cuando en situaciones específicas se necesita, pero de verdad SE NECESITA el sabor dulce abrazar nuestra lengua y transmitir sensaciones placenteras a todo nuestro y por un instante sentir esa pueril felicidad de antaño, el aletargamiento bondadoso del azúcar, cuando ocurre eso es lógico y generoso con una misma ir a un kiosko y comprarse un alfajor, o un helado, o un paquete de galletas.
La autocensura en todo orden de cosas es peligrosa y prohibirse el placer es casi como dejar que nos castiguen, nos peguen, nos quiten la libertad. Si una es capaz de eso, fácilmente podemos permitir al otro que nos censure.
Digo, una se tiene que querer, regalonear, alimentar, abrigar, cuidar, respetar, acariciar. Una es la fuente primera de placer de una misma y la búsqueda de él es personal y abierta.
Quitarnos esa fuente, ese derecho, es cerrarnos las puertas a un montón de otras cosas sensatas y buenas y sanas que nos hacen bien y más felices.
Y ciertamente una engorda más cuando tiene la disposición de adelgazar que dándonos un gusto dulce de vez en cuando.
El Super 8 engorda cuando pensamos que nos engorda. Si lo comemos con felicidad de seguro que pasará de largo y nuestro cuerpo lo recibirá no con ansia sino que con agradecimiento.
Hace mucho tiempo que dejé de prohibirme el placer, y hoy, después de almuerzo, me compré un Super 8, sin culpa pero con mucha libertad.
Y otro granito de placer se sumó a mi ya atiborrada fuente.