jueves, julio 19, 2012

A mano está hecho todo

Fui a Bolivia. Volví.
Ese viaje merece un post único así que sólo diré que fue un viaje espectacular, simbólico, intenso y que me regaló maravillosas reflexiones sobre muchas cosas. También gatilló un impulso. Una fuerza que he sentido otra veces pero que ahora está cargada por una especie de convicción.
Así, puedo decir que se vienen buenas y nuevas cosas. Que mis escenarios favoritos (escritura, costura y editorial) se desarrollarán con ideas frescas, nuevas y humildes.
Eso diré. Sólo eso.
Porque parte de estas buenas nuevas cosas están en proceso de construcción así que no quiero adelantar nada pero sí compartir un video de un proyecto maravilloso que se relaciona con estas ideas que pronto desarrollaré. "Made by Project" es una especie de feria "pop-up" (que se puede levantar en muchos lados) que reúne a una serie de artesanos que crean sus productos en vivo, ahí mismo en la feria. La idea es generar una conexión cercana e íntima entre el artesano y el cliente, que puede conocer profundamente al artesano, su oficio y el resultado de ese oficio.
En un mundo dominado por el retail que produce y produce artículos sin identidad ni espíritu y hechos por humanos esclavizados, la propuesta de Made by Project es admirable, se agradece e inspira.

martes, julio 17, 2012

Llamarse Carolina





Hoy es santa Carolina y yo, como muchísimas otras chicas chilenas, llevamos ese nombre. En realidad, yo me debería haber llamado Pamela pero entre que mi hermano mayor propuso Carolina como que también era el nombre de moda de la época (¿habrá sido por Carolina de Mónaco?) terminé engrosando la lista de Carolinas nacidas a finales de los 70 y principios de los 80. Cuando pequeña mi nombre nunca fue una preocupación, salvo cuando tenía que soportar las bromas de cabros chicos pesados que me gritaban “Carolina, poto de gallina”, que en ese momento me enfurecía y ahora me parece hasta tierno. Pero la crisis con mi nombre se gatilló cuando entré a la universidad y las Carolinas abundaban en los pasillos, salas de clase, bibliotecas y cada pequeño espacio de la facultad. O sea, alguien gritaba Carolina y a lo menos éramos 15 las que girábamos la cabeza pensando que era a una a la que llamaban. Fue ahí cuando me pregunté ¿por qué mi mamá no me puso su lindo nombre? ¿ o el de mi tía abuela? O cualquiera con más tradición y menos popularidad. Y bueno, me llamo Carolina y a estas alturas hasta siento que no me podría llamar de otro modo. Igual el nombre a una la define e, incluso, habla un poco de la personalidad. Para mi Carolina es un nombre juguetón, musical, travieso y alegre. “Pispirigüo” como me dijo una vez un cura de mi colegio. Y si, creo que soy todo eso incluyendo lo de pispirigüa y ya que me reconcilié con mi nombre me saludo a mi y a todas las Carolinas del mundo que llevan el diminutivo de Carlos con el orgullo de ser parte de una generación de padres y madres embelesados con esta nueva princesita en el hogar.
 



jueves, junio 07, 2012

Pandora


Ahora en esta casa también vive Pandora.
Al igual que Cicerón, la encontramos (junto con su hermana) en la calle, dentro de una caja de zapatos.
No tenían más de un mes.
Recuerdo que chillaban. De susto, hambre, nostalgia del cuerpo de su madre.
Pandora llegó para mostrar el otro lado de la vida felina. Es la hermana de Cicerón y ahora son una familia. Somos una.
Y vuelvo a repetirme la pregunta ¿por qué un ser humano es así?
Capaz de realizar el proceso de separar a los hijos de su madre, ponerlos en una caja, tirarlos en una calle cualquiera y huir.
¿Por qué?
Creo rotundamente que una persona capaz de considerar a un animal como un ser inferior y decidir por él (sobre su vida, su modo de vivir, su modo de sentir) es alguien que fácilmente abusa de los demás y construye su "poder" a partir del abuso. Y si, hablo de todos. No sólo de los que abandonan animales en la calle sino que también de los que los golpean, los encierran, los hacen payasos de circo, los sacan de su hábitat sólo por placer propio, los torturan y esclavizan para ganar dinero, experimentan con ellos. Ese ser humano puede hacer lo mismo con otro ser humano que considere débil. Y bueno, el mundo tiene grandes ejemplos de esa relación de poder.
Cicerón y Pandora llegaron para equilibrar un poco el desajuste.
Yo, en realidad, le doy las gracias a ellos por enseñarme a aprender otro idioma y a observar la vida desde sus ojos, a partir de su sensibilidad.
Pandora es esquiva, asustadiza y quejona. Pero cada manifestación de esa personalidad es un reto para mi.
Y, en el fondo, siempre llega a mi lado para acurrucarse y dormir.
Y yo llego al de ella para lo mismo.
Gracias Pandora por llegar y hacer de este hogar una locura boni.

miércoles, junio 06, 2012

NO HACER NUNCA: googlear síntomas


Cada vez que caigo en la absurda manía de googlear síntomas que me afectan recuerdo porque NO HAY QUE HACERLO NUNCA.
Básicamente porque da lo mismo si pones algo simple en el buscador, siempre saldrá una descripción trágica de alguna enfermedad compleja que de seguro te llevará a la muerte o a la invalidez.
Claro, sé que a veces necesito aclarar un poco lo que me pasa, qué puede ser, a qué doctor debo ir pero inevitablemente caigo en la somatización y la angustia porque Google tiene el poder de agrandar excesivamente todo.
Ahora mismo, comencé buscando una cosa y terminé en un portal de neurología enfrentada a términos que suenan graves y que me asustaron.
A veces creo que esta es una conducta propia de personas urgidas y apuronas que prefieren indagar por su cuenta antes que ir a un doctor que de un diagnóstico más fidedigno que Google.
Nunca voy a olvidar la vez que googleé "fiebre alta sin infección". Y claro, fue una vez que de un día para otro tuve fiebre altísima y todos pensaron que tenía la famosa fiebre porcina. Y no sólo eso, tuve fiebre por ocho días seguidos y no estaba resfriada ni tenía una infección. Pero el señor Google me diagnosticó cáncer y ahí yo ¡paf! caí en la histeria más grande.
La cosa se resolvió dejando de tomar los dos litros de té pu-erh que estaba consumiendo a diario y la fiebre desapareció como llegó: de un día para otro.
¿Habrá sido el té? ¿Google tenía razón?
Como sea, la lección final es NUNCA MÁS googlear síntomas y mejor escuchar al cuerpo y a la mente porque finalmente son estas dos las herramientas más certeras para saber qué y por qué nos suceden ciertas cosas.

martes, junio 05, 2012

De las cosas tristes: almorzar frente al computador


Voy a hablar de las cosas tristes, pero seré ordenada  y dedicaré un post por cada cosa triste (si tienes una te invito a que comentes y puedo desarrollar el tema porque cosas tristes y cotidianas hay muchas. Y no hablo de la pobreza y la desigualdad social, sino de cosas simples y tristes del día a día de un humano cualquiera.).
La cosa triste de hoy es almorzar frente al computador. Digo, después de una infancia comiendo en una mesa con mantel, pan, servilletas, jugo, ensalada y radio AM, resumir el instante de alimentarse a un pote plástico mirando una pantalla inerte ciertamente que es triste. Todo como que se va robotizando y un acto tan agradable de compartir como es comer de repente se torna insípido y da lo mismo que la comida sea rica.
Mi teoría es que por esto la cadena Castaño es exitosa; es comida para robots cuyo instante de almuerzo no tiene sentido ni trascendencia. Humanos que han perdido la felicidad de dedicar tiempo a alimentarse y prefieren que sea rápido, indoloro. Entonces las ensaladas insípidas, las empanadas secas, las ensaladas de frutas para astronautas del Castaño aparecen y son devoradas.
Y claro, si el lugar de trabajo no tiene un buen espacio para almorzar sumado a lo costoso del alimento en el sector donde trabajas no queda más que saciar tu hambre devorando el almuerzo que trajiste en un pote de plástico frente a una pantalla que bueno, dentro de todo, entretiene.

En fin, esa es la cosa triste de hoy.

miércoles, mayo 09, 2012

Un día de mayo

Hoy es un día cualquiera de mayo. Un día más frío que el anterior. Un día que me vestí con mi chomba-vestido y que me despedí de mis gatos con un beso.
Un día en que suena una canción en loop infinito.


jueves, marzo 08, 2012

Brujería

De repente me da y vengo para acá.
No por nostalgia ni nada de eso.
Es como visitar una casa calentita, familiar, donde se está bien.
Siempre me pregunto ¿habrá gente que me lee?
Cuando estuve en Francia muchos lo hacían, quizás porque mis palabras eran un puente que los llevaba de alguna manera hacia allá.
Pero ahora, con mi vida sencilla en Santiago de Chile...

Hoy compré queso y vino.
Estoy celebrando algo que no ha sucedido y lo hago porque es mi forma de llamar al suceso.
Mi pequeñas y bobas brujerías.
Con mi novio alzamos las copas brindando por el nuevo hogar.
Pensando en lo que haremos, en lo que vendrá.
Escuchando en un loop suavecito "La Casa Nueva" del Temucano.

Y quiero brindar por lo que no ha sido.
Para que venga, y pueda volver a brindar.

Cuando suceda, ya contaré.

domingo, agosto 07, 2011

Educación libre, digna y gratuita




Yo SÉ,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo BUSCO,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo OBSERVO
Por eso tengo derecho a la educación
Yo INTUYO
por eso tengo derecho a la educación
Yo CREO,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo VALORO,
por eso tengo derecho a la educación.
Yo DECIDO,
por eso tengo derecho a la educación.
Porque sé, busco, observo, intuyo, creo, valoro y decido,
tengo derecho a la educación.
Porque la llave de mis puertas me pertenece,
tengo derecho a la educación.
Porque mi conocimiento es lo único que importa,
tengo derecho a la educación.
Porque soy libre
Tengo derecho a la educación.


miércoles, febrero 09, 2011

1 mes con Cicer♥n



Hace un mes atrás, un día domingo casi cruzando hacia el lunes, apareció todo sucio, flaco y asustado este gato que nos vino a revolver el gallinero.
Cicerón, Cisarro, Siserás, Ciceronte, Chichichichi.
¿Qué le ha sucedido en un mes?
Ha crecido, cambió el pelo, se le fue la tiña, engordó, no le teme al agua, nos reconoce, gusta de mascar nuestras suculentas, se entretiene con un lápiz de pasta, tiene su rincón favorito.
¿Qué nos ha sucedido en un mes?
Tomamos consciencia de otra presencia en la casa, compartimos el tiempo y el afecto, comprendemos su idioma y sus diferentes tipos de miaus, pensamos en él cuando estamos lejos, inventamos juguetes para que se divierta, inventamos canciones con su nombre.
Cicerón es un buen gato, un amigo peludo que se langüetea bien seguido y que aprende cosas con las cuales puede comunicarse con nosotros.
Ahora sabe que cuando me pongo la cartera es porque voy a salir y se para en la puerta a reclamar.
Sale corriendo cuando escucha el timbre porque sabe que es Leonidas, con el que puede divertirse sin que lo reten.
Enloquece cuando ve el escobillón, su más extraño enemigo en esta casa, con el que tiene divertidas peleas mientras se revuelca en el polvo.
Se duerme plácidamente en mis piernas mientras le leo algún cuento, moviendo las orejas y ronroneando con dulzura.
Se sienta concentrado al lado de Leonidas mientras trabaja, y observa con atención las formas que se dibujan en el computador.
Cicerón es lo que yo quería: un gato amigo con el que yo también puedo ronronear.
Y ahora, mientras duerme en su rincón favorito, no me queda más que sonreír y decir ¡Qué bueno que apareciste en nuestra vida, gato loco!


lunes, enero 31, 2011

Día de Gatos


El domingo 9 de enero de 2011 lo recordaré como el domingo de gatos.

Con Leonidas nos levantamos decididos a levantarnos pero en el camino nos volvimos a quedar dormidos. Por tal, almorzamos tarde y el domingo comenzó a ser cada vez más espontáneo y horizontal.

Fue así como decidimos ver una película que le regalé a Leonidas para Navidad: El Regreso del Gato, de Hiroyuki Morita, que narra la historia de Haru que, por salvar a un gato de un atropello, se ve inmersa en un montón de gatunas y peculiares situaciones.

Después de ver esa película quedé con la sensación de que tener un gato o una mascota es algo que a una le hace muy bien. Pensé en todas las mascotas que he tenido a lo largo de mi vida, recordé las locuras que hacían, la presencia que tuvo en nuestra vida familiar. También pensé en lo perros callejeros que he conocido, en los nombres que les he puesto, en sus miradas, sus marcas.

Todas esas reflexiones me hicieron escribir este post en mi blog y con Leonidas comenzamos a pensar cuál sería la mascota ideal. Yo siempre he querido un gato, me encantan, divierten y me sorprenden. Siento que tengo afinidad con ellos y que su personalidad es muy parecida a la mía. Leonidas, por su lado, es medio alérgico y es de la idea de que los animales deben estar lo más libres posible, cosa con la que estoy de acuerdo pero no soy tan estricta.

Sin llegar a ningún acuerdo, nos pusimos nuevamente en forma horizontal para ver otra película y mientras la veíamos, escuchamos un MIAUUUUUU fuerte, claro y desesperado. Me hice un poco la lesa, pensando que ese sonido desaparecería por arte de magia, pero no. Siguió, cada vez más angustiado.

Me levante y asomé por la ventana y, al no ver ningún gato por ahí, llamé “cuchito, cuchito” y un MIAUUUU me respondió, mientras veía una cosa diminuta y oscura acercarse al lugar donde escuchó el llamado.

Era un pequeño y negro gatito, que corría con desesperación tratando de encontrar, de seguro, a su mamá o a sus hermanos. Pero sólo había enormes árboles, oscuridad y silencio.

Miau, miau, miau y ya no lo soporté. Bajé en pijama, lo tomé y acurruqué, y subí con él al departamento.

Leonidas me esperaba con cara de duda e incertidumbre. Y yo también sentía lo mismo. ¿qué hago con una criatura tan diminuta?

Parado en la mitad del living, comenzó a curiosear, a enredarse en nuestros pies, a maullar con un poco más de confianza.

Le serví leche, le puse una caja de zapatos con tierra, le pasamos una rana de plástico, un chaleco viejo y apagamos la luz.

Luego de unos minutos de llanto, el silencio se apoderó de nuestra casa y todos cerramos los ojos.

Y amaneció el lunes 10 de enero de 2011, un día después del día de gatos, con Cicerón despertando, usando su cajita y mirándome con unos ojos que me reconocen, agradecen e invitan a conocerlo.

Magia, coincidencias. No sé. Sólo está acá y nos haremos felices mutuamente.

Porque ¿de eso se trata tener una mascota? ¿o no?

domingo, enero 09, 2011

Animalove


Quiero tener una mascota.
Un animalito que sepa de mi y yo de él.
Un ser distinto a mí, pero con cualidades tan particulares como las mías.
Un amigo especial.
He pensado el por qué de mi deseo, que a estas alturas es una necesidad, y llegué a las siguientes conclusiones:

1.- Tengo mucho amor por entregar. Amor que se manifiesta en diferentes cosas. Amo a mi novio, amo a mi familia y amigas, amo a mis cactus, amo mis cachivaches. Amo cada cosa que forma parte de mi vida, y en cada cosa pongo un grado de amor distinto, no en mayor o menor cantidad, sólo distinto. Por ende, hay un gran espacio dentro de mi que quiere amar a un animal.

2.- Un animal hace de mi otro animal. Adoro la comunicación que creo con los animales, cómo me ponen a prueba, cómo yo también lo hago. Cuando un gato me mira en silencio, moviendo su cola a ras de suelo, con las orejas levemente hacia atrás es cuando sé que tengo que ganarme su confianza y que no pasa porque le de un poco de alimento o le haga cariño. Sino que él debe sentir que algo de gato hay en mí. Y eso es difícil de conseguir. Hablar otro lenguaje siempre es complejo ¿no? Y es ese nuevo modo de hablar que me hace sentir más cercana al mundo de los animales, y hace descubrir en mí nuevas formas de entenderlo.

3.- Me caen bien. Los animales son graciosos, particulares, especiales, inteligentes, incondicionales. Me agrada ver cómo aprenden y cómo se las ingenian para conseguir lo que quieren. Me hace feliz ver cómo se alegran cuando a una la ven llegar. Me da ataque de risa cuando hacen locuras, se persiguen la cola, se muerden las orejas, se rascan la guata con la pata trasera. Me da mucha risa.

4.- Tienen personalidad. Esto es algo que también me gusta de los humanos: que tengan personalidad, que sean particulares dentro del universo de animales que existen en el mundo. Caprichosos, mal genios, amistosos, tímidos, celosos, solitarios. Tantas personalidades que he visto en los animales que he tenido y en los que conozco a diario, en la calle o en las casas de otras personas. Su personalidad me llama la atención y la respeto.

Acá en mi barrio hay muchos perros callejeros y el ejercicio más grosso que hacemos con Leonidas es ponerles nombre y, de acuerdo a su personalidad, imaginar cómo ha sido su vida, qué sienten, qué ven.
Y nuestro favorito es el Chicle, un perro negro, viejo, que camina de lado y que es tan serio que llega a dar risa. Mientras los demás perros corren, se persiguen, ladran, mueven la cola, Chicle está sentado en silencio, mirándolos seriamente y pensando, quizás, "¡qué bobos estos perros!". Y con Leonidas nos reímos y también nos da pena pensar en los escobazos que ha recibido en su vida de perro de la calle.
Chicle apareció un día en el barrio y su nombre se lo debe al chicle que tenía pegado en el lomo cuando llegó. Ahora, es un perro amado por cada cuidador de edificios o dueño de negocio, y en el invierno le ponen mantitas de polar que se la cambian una vez a la semana. Incluso para el mundial andaba con una roja que tenía bordado el escudo de Chile.

Y si, quiero una mascota porque la vida está hecha para ser y hacer feliz. Y mientras más posibilidades tenga, mejor.

martes, diciembre 07, 2010

Océano


Soy un océano enardecido,
subo y bajo en horas vivas y muertas.
Vivo de peces, con ellos y para ellos.
Peces silenciosos y hambrientos.
Como océano todo lo inundo
con un color de plancton y cenizas.
El llamado que siento de repente
es el de las risas submarinas.
Enardecido.
Océano.
Nunca ceso.

miércoles, diciembre 01, 2010


"-Violeta, usted es poeta, es compositora y hace tapicería y pintura. Si tuviera que elegir un sólo medio de expresión, ¿cuál escogería?
-Yo eligiría quedarme con la gente."

martes, noviembre 30, 2010

Pajaritos en la cabeza


He estado pensando mucho.
Tanto, que se ha convertido en un problema.

No quiero pensar, la verdad.

Dejaré mi cerebro a un lado y usaré mis manos, el corazón, el estómago.
Que en vez de pensamientos, salgan de mi libros textiles, poemas, comidas que hagan sonreír a Leonidas, a mis padres, a mis amigas.

¿Qué pasará si dejo, efectivamente de pensar y sólo comienzo a sentir?

Y que, de repente, de mi pelo comenzaran a brotar árboles, nidos, cascadas.

Quiero tener pajaritos en la cabeza.

Si.

Pajaritos en la cabeza.

viernes, junio 04, 2010

Oasis

¿Saben lo que pasa?
Me para los pelos, me hace llorar, me transporta, me mata y me da vida. Me rejuvenece y envejece. Me huele, me sabe.
Eso me pasa con la música. Con toda la que ha formado parte de mi vida, con y sin querer. De los casets comprados y de la canción que sonaba en la radio en ESE preciso momento.
De las canciones que canturreaba mi madre regando las plantas y de las que tarareaba yo en la micro, pensando en Pablo, Juan, Iván y cualquier cabro chico que me robó el corazón.
Está ahí, perenne, como un lenguaje inalterable, sólo posible de rescatar, hablar y leer cuando la música, el sonido melodioso que invade un instante, aparece con sus maneras y sus modales.
Es inevitable y poderosa.
Maldita y bonita.
Me acerca a todo aquello que, a veces, he querido olvidar. Me obliga a revivir, recomenzar, repensar. Revitalizar.
Me gustan las canciones, los coros, el platillo imperceptible, las imágenes, la historia. Todo lo que conlleva la música.
Y la llevo dentro porque mi padre la lleva en su sangre, si es que él no es la materialización de alguna nota musical particular, de algún ritmo, de alguna canción hermosa que hable de campos verdes y un niño libre.
Él me enseñó a amarla, a respetarla y conocerla. Y es él el que mejor representa para mi el significado de la música.
Mi padre es una canción, un disco, un artista, una melodía, un estribillo, una banda sonora, una anécdota.
Mi padre es todo lo posible de abarcar con la música. Y creo que si mi padre volviera a nacer, sería lo mismo, y me enseñaría lo mismo, y yo aprendería lo mismo. Como una cadena indestructible de amor y respeto.
¿Por qué todo esto?
Porque para estar con mi padre cuando él no está, escucho la radio.
Busco canciones que me inviten a su corazón y a su maravillosa y particular historia.
Desde que me independicé, lo extraño más.
Y desde que lo extrañó más es que persigo a Elvis Presley, Neil Sedaka, Johnnie Ray, Brenda Lee y a un montón de voces que me susurran, un poco, la historia de mi viejujo.
Mi padre es el puente que me ha llevado a sentir que sin música mi historia es la mitad. La otra, es sorda.
Y más allá del recuerdo y de las fotos, mi padre está, ha estado y estará porque siguen existiendo los sonidos que me unen a él.
La música es vida ¿no?


jueves, abril 22, 2010

Hey! Tú, Chronos


Compruebo que no existe porque, hasta el minuto, no se ha aparecido con sus garras mortales para aclararme que, supuestamente, es dueño de mi cuerpo y de mi alma.
Lo compruebo porque, además, las cosas que crecen, después se achican.
Lo que parecía feo, ahora es bonito; lo bobo, brillante.
Lo eterno, finito. Lo seguro, escurridizo.
No existe porque acá estoy.
Prueba fehaciente de que no depende de él, sino de mi.
Y bueno, si llegara a existir, como Dios, o el Viejo Pascuero, o el Trauco; pues le digo que puede ser mi amigo, así podemos conversar sobre sus teorías mientras me tomo una copa y lo miro aburrida.
Porque la única manera de que exista el Señor Tiempo es a mi modo, en mi casa y a mi ritmo.
Sino, que se vaya a espantar a otros.

jueves, febrero 25, 2010

El gallo y yo


Un gallo y dos gallinas picoteando el pasto, con ese inalterable ritmo gallináceo. Las gallinas, negras y gordas, recorren un espacio diferente al del gallo, rebeladas e independientes. Una anda por allá, otra por acullá. Y el gallo, de pecho hinflado y patas gruesas, adornadas por unas plumas desordenadas, como si vistiera polainas, picotea, levantando la cabeza y observando a sus hembras. De repente, sin poder comprender su motivación, estira el cuello y con un gesto de esfuerzo y decisión, canta fuertemente. A los pocos segundos, otro canto, lejano, debilitado por la distancia, hace de respuesta al grito del gallo.

Nuevamente este, picoteando un poco el pasto húmedo y erguido, alarga el cogote y vuelve a gritar con decisión. A lo lejos, la respuesta.

En esta inexplicable, misteriosa y poderosa comunicación se mantienen los gallos. Cada uno en su patio, con sus hembras, sus insectos.

Me siento ajena, debilitada ante esta disputa de voces de machos. Insignificante ante su lenguaje animal.

Me muevo. El gallo se percata de mi presencia y se queda inmóvil. Las gallinas siguen picoteando en su emancipación.

Me estiro. El gallo gira su cabeza, mirándome con su ojo inquisidor y, a la vez, nervioso.

Sin dejar de hacerlo, comienza a mover el plumaje de su cuello, abriéndolo y cerrándolo como un escudo que se proteje de saetas amenazadoras.

Finge que picotea el suelo. Yo muevo la cabeza.

Levanta su cuello y mueve las plumas.

Hago un sonido con mi boca. Camina lentamente, como pensando cada paso, como consciente de su articulación. Vuelvo a hacer un sonido y el gallo, suavemente, muy suavemente, cacarea, mueve sus plumas y mira a sus gallinas.

Estas, entendiendo sus signos, dejan su emancipación y corren detrás de él.

Vuelvo a hacer un sonido, el gallo cacarea, mueve sus plumas y, con su cuerpo, va correteando a sus gallinas para que se alejen de mi.

Me mira, lo miro. Se van, ejecutando un delicado baile de huída. Sin demostrar temor. Gallo erguido frente al peligro.

El gallo y yo nos reconocimos en un instante de animalidad.

Gallo y humano leyéndose mutuamente, como ancestralmente lo hicieran los gallos y humanos de una época desconocida pero, no por eso, ajena.

Puro poder.


lunes, enero 25, 2010

AUUU


No es por cómo me miras.
Ni tampoco por cómo haces cuando despiertas, ni mucho menos por las veces que te descubro escribiendo mi nombre en un cuaderno viejo.
No es por cómo dices mi nombre.
Ni tampoco por las ocasiones en que me consientes, ni mucho menos porque vas a comprar marraquetas para el desayuno.
No es por como cocinas las salsa boloñesa.
Ni tampoco por los discos que bajas pensando en que me van a gustar, ni mucho menos porque me preguntas cómo me gusta el tomate.
No es por eso.
Tampoco por lo otro.
Es por todo eso y muchas cosas más.
Es por una nueva cosa, una nueva nomenclatura, una nueva forma de contar.
Es porque eres algo nuevo, siempre.
Porque te renuevas en lo conocido, y eso es algo así como una nueva naturaleza.
Y en el fondo, y pensándolo bien, es porque eres el aire que circula entre las hojas de los árboles.
La luz que se cuela entre ellas.
Un ser salvaje.
Nuevo, viejo, renovado, secreto.
Mío.

martes, octubre 20, 2009

fffuit






Y así, de repente, todo comenzó a oler a naranjas.

Yo misma sentía el perfume dentro de mí, internarse por entre mis poros, sujetar mis órganos internos, explorar el corazón.

Y aunque yo avanzaba, ahí se quedaba, flotando en el ambiente, jugando con la cola de los perros, formando una nube olorosa y fresca. Demasiada fresca para un día martes.

Debería agradecerle, sonreírle, preguntarle su nombre a la señora boliviana que todos los días exprime naranjas en la esquina de mi casa, silbando una melodía feliz, una musiquilla que de seguro endulza más el natural zumo de la fruta.

Ella que perfuma, que inunda de frescor una calle céntrica, merece un abrazo, una mirada amistosa, una demostración de agradecimiento por hacer de las ocho de la mañana una hora feliz, una hora salvaje con olores de selva y fruta.

Si, de repente todo comenzó a oler a naranjas.

Y es un buen comienzo para una historia.